Ascensión y caída del post-it

He aquí una entrada en que de manera ventajista descargo toda mi ira acumulada en este mes y pico de confinamiento contra una minúscula e indefensa cuartilla coloreada con extremo adhesivo: el post-it. Porque no todo iban a ser reflexiones pretendidamente sesudas para darle continuidad al blog. Y porque el post-it es al agilismo lo que el pan Bimbo a la merienda, con la excepción de que éste sabemos que se llama pan de molde y del post-it desconocemos su etimología. Y es que no cabe la menor duda de que es uno de los mayores beneficiados del agilismo, al fin y al cabo, qué sería del Scrum Master sin su zurrón repleto de ellos.

Pero, ¿de dónde surge que un tablón con post-its adheridos a él sea aceptado con seriedad en el ámbito del desarrollo de software? Seamos justos y repasemos la historia, aunque muchos ya la conozcan. Para ello habría que remontarse al sistema de producción Just In Time desarrollado y evolucionado por Taiichi Ohno en Toyota allá por los años 70, basado en un tablero (kanban) provisto de tarjetas plastificadas que albergaban cierta información. Este sencillo elemento fue del todo revolucionario, ya que de manera clara y concisa proporcionaba información relevante y actualizada en cada punto de la cadena de montaje en que se encontrara, permitiendo, junto a otros conceptos introducidos tales como la mejora continua (automanización) o la preferencia por los equipos multidisciplinares, reducir el desperdicio a su máxima expresión en sus procesos de fabricación y transporte. De esta manera, Toyota se aupó a la cabeza de la automoción a pesar de partir con una clara desventaja frente a sus competidores estadounidenses.

kanban-board-toyota
«Mirad qué tablón más bonico que tengo, irradia información que es un primor”

Y en esa moraleja brillante y didáctica es donde reside su fuerza: en el poder transformador de la visibilización minuciosa de las distintas vicisitudes del trabajo diario. Traducido al ámbito del desarrollo de software, permitir con un pequeño y valiente gesto facilísimo de implantar un cambio cultural grande: que a través de un mero garabato cualquiera esté al tanto del estado de una tarea determinada, así como de otra información relevante para el equipo y su cometido, sean bloqueos e impedimentos, urgencias, imprevistos o, simplemente, tiempo desperdiciado. Ese es el romanticismo del post-it, el ser un potente y sencillo -por básico- irradiador de información. Y el del tablón que los alberga: permanecer unidos a modo de ritual en torno a un objetivo común.

Pero, claro, ya no estamos en 1978 y superada la fase de echar a rodar un cambio de mentalidad, es más que obvio que un tablón con post-its corre el riesgo de convertirse en un mero elemento decorativo para una oficina que, o bien ya es chupiguay y tiene pistolitas Nerf, o quiere serlo y aún -por suerte- no las tiene (aunque seguramente no tenga tampoco otras muchas cosas necesarias). De alguna manera, se ha convertido en puro maquillaje para muchas empresas que no han entendido lo que hay más allá del símbolo y sus implicaciones, culturalmente hablando. Porque los post-its en sí, y lo dice alguien con agenda de papel, amante del vinilo y el libro, son un engorro: tablón arriba, tablón abajo, post-it caído, post-it estancado. Sí o sí exigen una copia digital o es que no estamos hablando de un entorno serio y formal que requiera mínimos fundamentos de trazabilidad o que simplemente fomente prácticas básicas hoy día en entornos ágiles, tales como el teletrabajo o la colaboración en remoto con el cliente.

Y aunque para ello no haga falta referirse a los tiempos del Coronavirus que nos ocupan, buscando algún consuelo, me alegra saber que muchos equipos habrán descubierto que se puede hacer una Daily en torno a un precioso tablón digital tan sólo compartiendo una pantalla, que echándole un mínimo de inventiva se puede crear el típico carril de mierdones y fuegos, y que para autoorganizarse, trocear en pequeñas tareas un desarrollo concreto y comprometerse con un objetivo común, lo más importante es la comunicación fluida entre los distintos miembros de un equipo. Así pues, rompamos con el cliché y la tiranía del post-it, incluso en las Retros (¿quién no ha tenido que abandonar la sala sólo, cinco minutos después que el resto, tras haber ido recogiendo melancólicamente cada uno de los post-its para acto seguido sentarse en la mesa a reflejar digitalmente las conclusiones?)

A modo de colofón, que el tema no da ya mucho más de sí, os dejo el sinsentido acaecido en uno de mis últimos proyectos de (intento de) transformación Agile: me proporcionaron un tablón, rotuladores y post-its al segundo o tercer día de entrar; sin embargo, tardé alrededor de 3 meses de tenaz persistencia en que me crearan una columna de bloqueados en el tablón digital corporativo, una vez me lo autorizaron, para lo cual habíamos tenido que esperar nada más y nada menos que otro mes. Pero de esto ya hablaré en otra entrada. Aunque seguramente no.

Inspiraciones:

  • El Sistema Toyota – Más allá de la producción a gran escala (Taiichi Ohno, 1978)
  • Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny del Post-it (Bertolt Brecht,1930)

Publicado por Raúl Alonso

Scrum Master apostado en las trincheras del agilismo. No tengo Twitter.

Un comentario en “Ascensión y caída del post-it

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